14 historias de camellismo gamer extremo


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Es cada vez más frecuente leer a cabros que se autodenominan “gamers” porque juegan un videojuego. Y está bien. Hubo una época en que se hablaba de “casuales” (los mortales que juegan una cuestión de vez en cuando y no se calientan la cabeza por terminarla o perfeccionar su talento en el juego) y los “gamers”, aquellos fanáticos de los videojuegos que podían darte una cátedra sobre cómo obtener el mayor puntaje en un simulador de vuelo con la menor cantidad de combustible posible, o vencer a cualquier rival en Street Fighter II con Blanka si usar su poder para electrocutar.

Esos tiempos cambiaron. Hoy, el acceso a videojuegos está masificado y quizás todos los que están leyendo esta nota son un poco gamers, por lo que las distinciones van ahora por otros lados, más exigentes; ¿qué tan dedicado y adicto a los videojuegos tienes que ser para ganar el apelativo de “gamer camello extremo”? Entrevisté a 14 pobres almas consumidas por el entretenimiento electrónico que me contaron sus historias de mayor compromiso con un videojuego y, en varios, casos, descenso inapelable hacia la pérdida del sentido de supervivencia, la dignidad o la cordura. No han llegado al nivel de seguir jugando League of Legends con una puñalada fresca en la espalda o sufrir un ataque cardíaco durante un match en plena liga Diamante en StarCraft, pero andan cerca.

 

14. El que copia callado copia dos veces

“Cuando estaba en el colegio, antes de los smartphones y los netbook, estaban los Game Boy, y yo tenía un juego en que en una parte podías redactar unos mensajes para otro personaje. Yo copiaba materia para las pruebas y dejaba el juego en pausa, y mientras estaba en la prueba daba vuelta la prueba como si hubiera terminado, sacaba el Game Boy y hacía como que jugaba y leía lo que había puesto en el mensaje. El problema es que a veces me quedaba jugando y se me olvidaba que tenía apuntes en el juego, pasaba la hora y nada, me quedaba jugando”. Cristián, Viña del Mar.

 

13. 24 Hours Gaming People

“Cuando instalé en mi computador el Baldur’s Gate 2, fue como el descenso a la locura. Me envicié con el juego más de lo que nunca pensé, y no me di cuenta cuando de pronto pasé un día en banda jugando. El juego, en las pantallas de carga, lanzaba un mensaje que decía algo como ‘Aunque nuestros personajes no coman, recuerda que tú sí tienes que comer’ y ahí me acordé que llevaba más de un día sin comer nada. Simplemente no me había dado cuenta, si el juego no me lo dice, sigo sin comer”. Eduardo, Temuco.

 

12. ¿Medicina? A la mierda, yo quiero PvPear

“Viví con un amigo con el que además estuve en grupo de internado en Medicina; éramos 3 y este loco se quedaba hasta las seis de la mañana haciendo PvP en World of Warcraft, así que como teníamos que estar a las 8 en punto en el hospital para el turno, él empezó a faltar caleta. Con mi otro compañero tratábamos de cubrirlo, y lo llamábamos por teléfono para apurarlo y despertarlo, y así que llegara al turno, pero nada. Pasaron algunas semanas y lo cacharon, así que le mandaron a decir que si faltaba una vez más, se echaba el ramo. Y lo mandó a la mierda, jaja”. Patricio, Temuco.

 

11. Advertencia: los videojuegos pueden causar impotencia

“Estaba en un carrete y había un mino que me gustó; nos pusimos a conversar y más me gustó, así que busqué la ocasión para que estuviéramos los dos más solos y poder agarrármelo. En un momento se metió al computador que había en la sala de estar y me senté como en el borde del escritorio, en parada más sexy, para jotearlo. Él me pescó a medias, algo estaba haciendo en el PC. Me fui acercando cosa de dejar mi pierna cerca de su mano, rozándolo, pero cuando le toqué su mano con mi pierna la corrió junto con el mouse. Yo lo volví a hacer y dijo ‘Chucha, cagué’. Quedé metida y le pregunté qué estaba haciendo; estaba jugando Unreal y lo había hecho perder”. Johanna, Valdivia.

 

10. Una promesa es una promesa

“No sé si califica como camellismo, pero cuando jugué el Final Fantasy VII no me paré del asiento de la sala de estar hasta que lo terminé con el 100%, durmiendo solo 20 horas en todo el proceso; todas las Materia mastereadas con todas las estrellas, en cada uno de los personajes (incluyendo la Quadra, Knights of the Round que se sacaban de forma especial y tenías que masterearlas una vez por cada personaje para que ‘tuvieran una Materia hija’ y poder equiparlos a todos), Chocobo dorado, todos los Limit, todas las Weapon y el máximo de puntos en cada skill. Demoré alrededor de 150 horas de juego y cuando quería ir al baño jugaba desde el water porque el cable del control daba, mi vieja me llevaba comida y no dormí a punta de café. Le había prometido a mi polola que cuando volviera de una semana de vacaciones en que andaba con sus viejos yo no iba a jugar nada, así que tenía el tiempo contado”. Víctor, Los Ángeles.

 

9. Vacaciones in-door

“Mi familia entera se fue de vacaciones a Playa del Carmen y yo fingí que mi pololo me había pateado y estaba tan mal que no quería viajar. Mi vieja ofreció quedarse a cuidarme pero le dije que llamaría a una amiga, que no se preocupara. Me quedé en realidad avanzando en el kill al Lich King en WoW y no salí de la casa en más de una semana”. Antonia, Santiago.

 

8. Cuando cae el telón

“Por cuatro años estuve encargado de un laboratorio de computación en una universidad donde trabajé y, cuando se acababa el horario de atención a los estudiantes, llegaban unos amigos y jugábamos Counter (Strike) y StarCraft en red. Eran los medios tarreos hasta que amanecía. A veces estaba tan cansado y hecho mierda que no me podía el culo y un amigo me cubría en la pega cuando había que vender los CDs o imprimir cosas a los estudiantes. Al final ya le tiraba unas lucas a un amigo que no hacía nada y trabajábamos los dos, porque no dábamos de cansancio. Un día nos pillaron jugando en la pega y me echaron, hasta ahí llegó la cosa”. José Luis, La Serena.

 

7. Hay que priorizar lo que importa

“Conocí a un mino que jugaba League of Legends y yo no jugaba ni con tierra, negada siempre en los juegos y no me llamaban la atención. Con él aprendí a jugar el LoL y me envicié demasiado; en pocas semanas ya era mejor que él y un día él se molestó porque estuve dos semanas inventándole excusas para no juntarnos porque yo estaba con mi team avanzando en ranked y no me lo quería perder; terminé con él para evitarle más malos ratos, porque claramente me interesaba más el juego que estar con él. Eventualmente él supo que yo lo pateé por jugar, y creo que me odia, jaja”. Carolina, Santiago.

 

6. La cosecha de mujeres… no da XP

“Había una mina que me gustaba caleta en la U y la pololeé como cuatro meses hasta que aceptó salir a tomar algo conmigo, la estaba haciendo. Pero lo que yo no había previsto es que en todo ese tiempo me iba a poner competitivo en StarCraft y para la altura en que estábamos casi a punto de salir, estaba a un ritmo de 4 partidas rankeadas por día, jugando con gringos. Y le tuve que decir que lo dejáramos para otro día, ella dijo que sí. Pero le tuve que cancelar 3 veces más y al final ya no me pescó nunca más. El costo de ser gamer dedicado, supongo. Igual a veces me lamento, pero puta, qué le voy a hacer, si soy camello”. Juan Andrés, Valparaíso.

 

5. Eximirse es para débiles

“Estaba empezando el año en la U y teníamos la posibilidad de dar una prueba para eximirnos de Inglés y no dar el ramo en todo el año, y justo quería hacer unas quests diarias en la mañana antes de ir a dar la prueba. Una cosa llevó a la otra y me pasó a buscar un amigo, para que nos fuéramos juntos a la U, y yo estaba pegado jugando. Era súper tarde y si no nos íbamos de una llegaríamos tarde, así que cuando mi amigo me apuró le dije que se fuera nomás, que daría el ramo. Y me quedé jugando en la casa”. Andrés, Villarrica.

 

4. Cross-dressing

“Me hice pasar por mujer durante dos años en una guild para que me invitaran siempre a las raids y me regalaran items dentro del juego. Le pedía a mi hermana que me dejara usar fotos suyas, de las de perfil, para compartir en el grupo de Face de la guild y cuando me hueveaban mucho para que hablara, le pedía que dijera ‘Hola’ por Ventrilo. Igual yo era bueno jugando, lo que costaba era que te invitaran a las raids porque era un grupo súper cerrado donde siempre le daban preferencia a sus amigos. Nunca pagué un peso por WoW, porque un hueón de la guild me pagaba los meses de juego de puro jote. Al final me retiré del juego y congelé la cuenta cuando entré a trabajar después de egresar de la U. Creo que nunca supieron la verdad, jaja”. Osvaldo, Concepción.

 

3. Healer dedicado

“Mi ex pololo y yo terminamos por teléfono; vivíamos en ciudades distintas y la cosa funó nomás. El día en que tuvimos la fatídica conversación final, pucha, emociones varias, como te puedes imaginar, pero él súper parco, muy tranquilo, casi como si no le pasara nada con lo que estaba ocurriendo. Meses más tarde supe que, mientras terminábamos, él estaba conectado jugando World of Warcraft y EN NINGÚN MOMENTO DEJÓ DE JUGAR. Al parecer estaba con su guild progesando en matar a un boss y no se podía perder esa raid”. Paula, Temuco.

 

2. Chino farmer

“Corría el año 2007, yo estaba en una guild latina de World of Warcraft pero estábamos estancados en el avance, y me estaba poniendo ebrio de poder y con ganas de progresar. Así caí en una guild con chinos, se llamaba Lightning Strike; lo que no sabía era que te hacían raidear 6 dias a la semana, de 7 a 12 de la noche. Por suerte era mateo y me iba bien igual en el colegio pero sufrí estrés de cansancio que recién ahora con el internado de Cirugía puedo comparar. Progresé como rey y terminé siendo jefe de clase de la guild para que luego la misma implosionara por la locura y la asiatiquez de los primates. Al final termine volviendo a mi guild latina pero jamás olvidaré lo que fue el verdadero camelleo, tal vez para nunca más volver a trabajar de esa forma”. Pablo, Santiago.

 

1. Mi reino por una ficha para los videos

“Un amigo se volvió leyenda en Los Ángeles porque una vez estaba súper enfermo en el colegio y lo mandaron para la casa; en vez de irse a acostar pasó a los videos y se puso a jugar, sintiéndose como la raja y todo… En medio de una pelea le entraron ganas de vomitar y lo hizo encima de la máquina, dejó la media cagada. ¿Y qué hizo? Limpió el vómito con la manga del suéter y siguió jugando. Si eso no es ser un gamer dedicado, no sé qué puede serlo”. Rodrigo, Los Ángeles.

 


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Javosandoval

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