20 historias de protagonistas fortuitos de una porno de bajo presupuesto (Parte II)


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¿Han escuchado esa frase que dice “la realidad supera a la ficción”? A veces se cumple a cabalidad, otras veces un tanto cuneteada y en ciertas ocasiones es una vil falacia. Bien lo saben nuestros lectores protagonistas de estas 20 historias que parecen argumentos de película porno, hasta que… Bueno, lo cortés no quita lo valiente y por lo menos yo los aplaudo porque lo intentaron. Hay que jugársela por esa anécdota que uno le contará a todos los conocidos, ocurra o no.

Nos demoramos un poco en traerles esta segunda parte porque quisimos esperar a tener testimonios que realmente fueran aporte y no cualquier challa para cumplir. Así que, control de calidad mediante, esperamos que se hagan pipí tanto como nosotros en el staff con estas maravillas.

 

13. Más grande, más largo y sin cortes

“Conocí a un mino en una disco de acá y como tuvimos onda nos fuimos a su casa al poco rato; estábamos en lo obvio cuando de repente sacó una cámara de video de esas Handycam, y yo le dije que ni cagando me grababa, que guardara su hueá. Me dijo que no me hiciera rollos, que no me iba a grabar la cara y que si después de tirar no me gustaba el video, él lo borraba y santo remedio. Un poco desconfiada pero igual envalentonada por la calentura y el no saber cómo era grabarse mientras uno tira, dije que sí, fue bacán porque es como que uno se motiva más a hacer cosas que normalmente no hace y le sale lo guarra de adentro, jaja. Ya pos, terminamos y él fue al baño; me puse a revisar el video y…”

Desenlace: “… me fui en volada retrocediendo, así que llegué por casualidad a otros videos. Ni me puse a verlos, me entró susto de lo que iba a hacer el loco con el video así que me vestí rápido y me fui con la cinta. No volví a esa disco nunca más, y el video me lo dejé para mi uso personal, jaja”. Paola, Concepción.

12. La pensión Soto

“Me cambié de carrera y de universidad a otra ciudad, así que no tenía contactos y necesitaba donde vivir justo entre semestres, así que como encontrar arriendos de departamento estaba difícil probé suerte con las pensiones y arriendos de pieza; encontré un aviso en que arrendaban una pieza solo a mujer, en un departamento en que vivían tres niñas y por no tanta plata, así que estaba dada. Pasaron un par de semanas y empecé a cachar que había una chica que solo algunos días dormía en su pieza y otros dormía con otra de las chicas del departamento; me pasé el rollo que las chicas eran todas lesbianas y filo, no es algo que a mí me importe, pero me surgió la curiosidad de mirar o al menos de sapear si sonaba algo en las piezas. Me tienen que haber cachado, porque un día…”

Desenlace: “… una de las chicas me dijo que nos tomáramos algo las dos, las otras chicas habían viajado y estábamos solas. Yo pensé que me quería comer con papas fritas, y después de hartos copetes se me acercó y le di un beso. Me pegó una cachetada y gritó ‘qué te pasa, hueona lela’, y a los pocos días me quedé sin pensión. No era nada lesbiana la mina y yo interpreté todo mal”. Camila, Valparaíso.

 

11. Estamos trabajando para usted

“A mi ex jefe lo echaron y estuvimos un par de meses sin nadie hasta que llegó una jefa nueva, relativamente joven; cuarenta y algo pero se mantenía bien, mamá de dos cabros chicos pero cero arrugas y súper en forma, MILF todo el rato. En general no soy pasado de rollos con las minas, pero ella desde el primer día conmigo fue de tocarme la mano, de colocarse sobre mi espalda y mirar fijo a los ojos y sonreír. Una colega me dijo varias veces ‘como que la jefa quiere contigo’ pero yo filo, no pesqué. Un día nos quedamos trabajando hasta tarde en una presentación mi compañera, la jefa y yo, y en un momento en que mi colega salió a fumar la jefa me preguntó si yo tenía pareja u onda con alguien; le dije que no, y me respondió que era buen partido para estar solo. Cresta. Igual, yo sabía que es mala idea meterse con una jefa así que no pesqué. Hasta que otro día … yo estaba con el auto en el taller y me ofreció acercarme al metro. En el camino me preguntó si tenía tiempo, y si quería pasar a un after office a que nos tomáramos algo…”

Desenlace: “… la pensé y dije ‘a la mierda, hay que hacerla’, así que fuimos. Ya en la mesa, se desabotonó un poco la blusa porque según ella ‘hacía calor’ y nos tiramos hartos palos, hasta que en el camino de vuelta pasó lo que tenía que pasar. Después en la pega, mi compañera cachó las miraditas y desde entonces me chantajea, jaja, todos los meses le tengo que llevar chocolates para que no se vaya de lengua”. Rodrigo, Santiago.

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10. El sustituto

“Me tocó reemplazar un semestre a un profesor titular en una universidad hace un tiempo atrás, y era un segundo año. Apañé como pude en las primeras clases para controlar a la masa de chicos que parecían quinceañeros por como se portaban, pero menos mal una chica me ayudó con sus compañeros y la cosa fluyó bien. Ella estaba complicada con la asignatura, así que pasó a examen y se lo echó. Me daba lata reprobarla solo por la primera nota que había sacado -con el profesor anterior- y le embarró todo su promedio, así que le dije que le daba la oportunidad para sorprenderme con una idea creativa de un trabajo y así optar a la única décima que le faltaba. Y entonces…”

Desenlace: “… me respondió que se le ocurrían otras ideas más entretenidas para subir su nota. Yo la quedé mirando sorprendido pero ella se reía no más; éramos los dos jóvenes en todo caso, y tampoco es que yo volviera a hacer clases así. Me hice el hueón al principio pero ella insistió, me agarró una pierna y me dio un beso en el cuello. Igual no soy un hueón al que estas cosas le pasen nunca, así que aproveché mi suerte y sería. Nos juntamos todo el resto de ese año y después no la vi más. Obvio que la aprobé, nunca tan maricón, jaja”. Octavio, Santiago.

 

9. Caries del amor

“Tenía que hacerme un tratamiento de conductos y me carga ir al dentista, así que pregunté por Facebook a mis amigas que me recomendaran uno rico, para por último mirar algo bueno cuando te están haciendo mierda la boca, jaja. Y era muy mino el gallo, así que a la segunda sesión ya fui vestida más sexona, con escote y pantalón ajustado. Yo me daba cuenta que miraba de reojo, pero siempre súper profesional en su trato conmigo. Llevaba varias semanas tirándole palos, preguntándole si estaba casado o pololeaba, y estaba soltero sin compromiso, así que seguí hueveándolo sin culpa pero no me pescaba, hasta que un día me lancé no más y cada vez que acercaba su brazo a mí yo me movía para rozarlo con mis pechugas, jaja, la hueona flaite”.

Desenlace: “Con el pasar del rato se fue poniendo nervioso y noté que le incomodaba algo en el pantalón, jajaja, se le había parado al parecer y yo le eché una talla, de esas típicas, pero era el celular y me dijo que se sentía súper incómodo con mis avances, y que me iba a derivar con una colega suya. Cuec”. Corina, Las Condes.

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8. Bastardos sin gloria

“Un día hicimos un carrete en mi casa e invité a una amiga que tenía a dos amigas más en su casa, y me preguntó si podían ir. En la casa estábamos solamente yo, dos amigos más y una amiga, así que tampoco éramos tantos y cero drama. Una de las amigas de mi amiga, ya más copeteada y después de varias horas de carretear, nos dijo si queríamos jugar un juego que ella se sabía, y que era con trago. Era ese de Bastardos sin gloria, el de las imitaciones y los papelitos que jugaban los nazis con la mina rubia. Un amigo se avispó y dijo ‘pero hagámoslo interesante, el que pierde que haga algo’, y entre todos decidimos que o hacíamos una penitencia, o era prenda, o era copete al seco. Y ya pos, estábamos en eso, todos eligiendo tomar hasta que ya más curados fue una mina la que se sacó un chaleco, y así se fue calentando el ambiente y, cuento corto, terminamos todos con prendas más, prendas menos”.

Desenlace: “La que propuso el juego, cuando ya estaba en calzones y sostenes, dijo que no valía seguir sacándose la ropa, que había que jugársela con algo más. Brava la mina. Ahí empezamos a agarrar entre todos al final y unos se terminaron yendo a las piezas, otros comiéndose en el living y la casa entera convertida en la media orgía. Los más felices fueron mis dos amigos, rodeados de minas todas prendidas y los hueones los únicos que estaban ahí para hacerla”. Natalia, Concepción.

 

Esta vez sí que más pronto que tarde les traigo la tercera parte y final de esta saga calenturienta, jaja.
¿Tienes una historia bacán en que hayas sido protagonista, para bien o mal, de una trama clásica de porno? Envíala a contacto@calabozomutante.cl y sé parte de este ranking lleno de pasión latina.


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