7 historias de mutantes poseídos por el duende de San Patricio


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Me gusta el Día de San Patricio, no porque tenga antepasados irlandeses mis ancestros son españoles y vascos, pero eso a quién chucha le importa, sino porque es un día en que mundialmente nos colgamos de los irlandeses como excusa para chupar hasta la inconsciencia, y eso siempre despierta mi más honesta simpatía.

Sin embargo, algunos mutantes que nos leen fueron un paso más allá, y en alguna celebración de San Patricio, quizás perdida en el tiempo pero tal vez muy reciente, fueron poseídos por el Leprechaun, ese travieso duende irlandés que en San Patricio hace que la gente se vuelva changa y llegue a extremos de ebriedad tan absurdos que no se pueden explicar sino a través de estos 8 ejemplos de indignidad, demencia e hígado graso.

Sugerencia: Antes de leer estas historias, den play a este video.

Conferencia episcopal

Con un mino que conocí en un carrete de San Patricio, en un pub de acá de Santiago, en un momento de curadera y calentura nos fuimos a encerrar en un baño, a hacer la travesura obvia… El problema es que cuando me puse de rodillas para comenzar mi discurso a la nación, me mareé caleta y se me dio vuelta el mundo, así que luego de bajarle el cierre lo único que pude hacer fue vomitarle los jeans y el boxer. Le echo la culpa a la cerveza stout.”

Daniela, Santiago.

Cuando tengo hambre, me como una olla de oro

En la casa de un amigo se celebró San Patricio y, entre las muchas decoraciones y cositas bacanes decoradas para la ocasión, tenían una olla con dulces encima de una mesa de centro, estilo olla de oro, con monedas de chocolate y esas cuestiones. Todo bien con eso, hasta que a altas horas de la madrugada, cuando ya no queda chela y ya estás bajando botellas de cualquier cosa sin hielo, me dio bajón y me puse a comer lo que yo pensé que eran los restos de los chocolates que habían estado antes en esa olla. Ya era demasiado tarde cuando me dijeron que, como ya no había chocos, algunas personas habían escupido tabaco ahí. Todavía hay gente que me recuerda como la mina que comió tabaco escupido en un carrete.”

Andrea, Valparaíso.

 

Malditos enanos azules

Estábamos en un asado con varios hueones con los que jugábamos World of Warcraft, cuando en medio del carrete de repente uno de los cabros empieza a pelear con un limonero que estaba en el patio. Nadie entendía nada, y el hueón repetía sin parar “malditos enanos azules, ¡déjenme tranquilo!” Obviamente, no había enanos azules ni nadie que lo estuviera molestando, y el muy simio estaba pegándole combos al aire y botando limones al suelo como enfermo de la mente. Moraleja: no tomen ron con etiqueta fotocopiada, cabros.”

Cristián, Santiago.

 

Cabeza dura

No me pregunten cómo ni por qué, pero en un carrete de San Patricio en que estábamos con amigos y amigas, se nos ocurrió hacer una competencia de quién se pegaba el cabezazo más hardcore contra una mesa que estaba a medio morir saltando, con una pata mala y muy para la cagá. Participamos hombres y mujeres, todos igualmente curados y volados, y la hueá nos pareció el tremendo mambo hasta que cachamos que una hueona no se levantaba y quedó croquis en el suelo. Una amiga suya encontró muy buena idea agarrarla a cachetadas para que despertara, y otra mina le pellizcó un pezón. Un pezón, pos hueón. La cabra despertó hecha mierda, desorientada a cagar, y lo primero que pidió fue “Denme un copete”. Respect.”

Iván, Los Ángeles.

 

Irlanda del Norte vs Irlanda del Sur

No es una historia de la que me sienta orgullosa, pero ya que estamos en el Calabozo Mutante, qué tanta hueá, la cuento igual. Sucede que por ahí por 2009 a mí me gustaba mucho un mino, pero pololeaba -siempre me pasa esa mierda- con una mina que no tenía ningún brillo. Pero ninguno, ni bonita, ni simpática, no cachaba nada de las hueás que le gustaban a este loco y para más remate la hueona no hablaba con nadie en los carretes. No sé qué me pasó en un carrete de San Patricio en que estábamos todos, tal vez me sentí la justiciera que debía corregir ese error de la Matrix, pero al hueón me lo llevé engañado para una pieza diciéndole que necesitaba conversar una cosita con él, y entré en modo Kamasutra.

Mientras estábamos en eso, la mina -que andaba buscando a su pololo porque se le había perdido- entra a la pieza y nos pilla en pleno, y se pone a gritar como simia una sarta de garabatos, y que esta hueá se acabó, que cómo me haces esto y en un carrete, y un largo etc. Luego, me saca de las mechas de encima de la poronga de este cabro y me tira al suelo; hueona con fuerza, impresionante (igual yo soy un minion, más chica imposible, así que no era tan rebuscado). Así que ahí figuraba yo, en pelotas, tratando de defenderme de esta otra enajenada que mientras me gritaba insultos me pegaba sendas patadas en la concha y en las tetas. Me sentí como una mina de la Biblia, hueón, de las parábolas, de esas que escupían y apedreaban por maracas. En fin, nadie del carrete se metió en la mocha y muchos ni cacharon el detalle de lo que pasó, y yo salí caminando a duras penas y pedí un taxi para irme a la mierda al instante. Chiquillas, no tomen copete barato, protejan su dignidad.”

Valeria, Puerto Montt.

El combo invisible

Con un amigo carreteamos el día de San Patricio en Temuco, hace yo creo que unos cinco años más o menos, y justo en el casino estaba una banda tributo a U2 que era re buena así que la fuimos a ver, ambos bastante arriba del balón. Y puta, allá en el casino seguimos chupando y entre lo bien que lo estábamos pasando y lo pulenta que estaba la música, se me apagó la tele. Cuento corto, desperté al día siguiente acostado en la casa donde me estaba quedando, y mientras me preguntaba cómo lo hice en piloto automático para llegar solo y sano, fui a mear al baño. Cuando me miré al espejo noté que tenía la mitad de la cara hinchada, con un moretón gigantesco, y no entendía nada. Imaginé de inmediato que me habían sacado la chucha (no sería la primera vez que, estando curado, le hinchaba las pelotas a alguien y me ganaba un merecido mangazo) y llamé a mi amigo con el que salí para preguntarle qué onda, quién me había aforrado.

El hueón se cagó de risa y me explicó que nadie. Y yo “WTF culiao, ¡cómo explicas entonces que mi cara esté deforme!”, no entendía un carajo. Este hueón, luego de casi diez minutos riéndose al teléfono, me explicó que cuando estábamos saliendo del casino, y luego de haber pasado a la disco del casino (lo cual obviamente no recuerdo) donde estaba sacándome la chucha una y otra vez de lo curado que estaba, nos fuimos a tomar taxi y yo, en un maravilloso acto de sensatez, quise saltar una valla que separaba la vereda de la calle donde estaba estacionado el taxi, y me enredé con un fierro, sacándome la real chucha en el suelo.”

Alejandro, Temuco.

 

La pileta amarilla

Una de las razones por las que ya no le hago a varias drogas distintas en el mismo carrete es que uno pierde demasiado la noción de la realidad, hueón. Yo estaba en un carrete en la playa, con un ex pololo y unas parejas amigas suyas para el finde de San Patricio, y onda nos tiramos unos ácidos, honguitos y unos caños. Siempre fumo, así que no era tema, pero esas otras hueás no las había probado y no caché lo brígidas que eran hasta después. Recuerdo que hablé harta mierda, jajaja, pero aparte de eso nada especial, y yo dije “estoy bien po”, así que me puse a tomar chelas. Luego de un rato quise ir a hacer pipí, y cuando llegué al baño lo encontré súper loco; era como una cuestión horizontal donde tenías que recostarte para mear. Lo observé un poco, admirada por lo cuático que era, y después me bajé los calzones y a lo que vinimos. Volví a carretear, y la casa la encontraba extraña, con formas y colores distintos que no sabía procesar, pero luego de un rato apagué tele y adiós con todos.

El problema fue al día siguiente, cuando una pareja estaba preguntando quién había mojado sus mochilas. Sacando conclusiones, lo que yo pensaba que era un baño en realidad era la cama donde iban a dormir estos hueones y yo les meé las mochilas. Un secreto que me llevaré a la tumba.”

Carolina, Santiago.

 

Y ustedes, ¿tienen historias loquillas de San Patricio? Déjenlas en los comentarios y riamos juntos de nuestra simiedad mutante.


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Javosandoval

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