Cathy Barriga: Nuestra Elle Woods (y el doble discurso de los chilenos y chilenas)


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Ayer hubo de todo en las elecciones municipales 2016: momentos mutantes, momentos raros, un fome proceso en Invernalia y una cantidad inconmensurable de sorpresas. Vimos caer a Josefa Errázuriz en Providence, mientras Evelyn Matthei gritaba “Yo tengo el podeeer”; también fuimos testigos de cómo Valpo dejó un reinado de más de 8 años de un alcalde criticado pero nunca derrocado, hasta que llegó Jorge Sharp y así… Hasta que recalamos en una de las comunas con mayor población en la Región Metropolitana, esa que tiene un templo votivo a escala gigante y en donde va la pipol a rezar a la virgencita y pedirle favores como carga eterna en la BIP, que el test de embarazo salga negativo, que la Nintendo Switch sea chévere y no una bazofia, con un largo etc. de mandas y parafernalias raras: Maipú city.

Y es que Maipú, ese reino dirigido por Christian Vittori -un alcalde que quizás recuerden del escándalo de las licitaciones truchas de la basura, con el también derrotado alcalde de Cerro Navia, Luis Plaza, quienes decidían dónde ir a meter el desecho, casi a dedocracia- ayer se enfrentó a una decisión electoral que cambiaría su historia: decir chaíto a la ranciedad y dar la bienvenida a una nueva era, marcada de azúcar, flores y muchos colores.

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Ese Maipú, ayer decidió que Vittori tomara una caja de cartón, guardara sus memorabilias alcaldicias y se fuera a buena parte, eligiendo a un rostro más que conocido por una generación completa de Mekano Lovers: Catherine Barriga, conocida también como Cathy o la Robotina.

Salió electa no con una inmensa mayoría -porque muchos no fueron a votar, con cerca de 73% de abstención en Maipú-, pero ganó en buena ley al alcalde que iba por la reelección… y empezó en breve el pelambre y el bullying por cuanta red social, como pude ver anoche.

Yo no comulgo a favor de ella, pues su rollo de “Eres tú, mi príncipe azul” no me lo trago como forma de vida y creo que nunca me podría poner esos tacos o esa ropa de princesa (y todo eso es un tema mío y absolutamente personal) pero en un país muy doble estándar, donde hace una semana casi todos ustedes se cambiaron el avatar para decir “#NiUnaMenos”, y que despotricaban en contra del patriarcado machista, porque este país y el mundo no quiere más mujeres y niñas muertas, que la publicidad y los medios de comunicación son intrínsecamente machistas, que desde el discurso se crean realidades y que tenemos que tener cuidado de no menospreciar al género femenino de ninguna manera y un largo etc., de micromachismos de los que hay estar alerta, canciones y palabras bien pro mujer, sorprende tanta virulencia contra una chiquilla que consiguió el triunfo por méritos políticos, gestión día a día con vecinos y comunidades, trabajo como Core por la Región Metropolitana y unos puerta a puerta día y noche antes, durante y después de la campaña.

Una campaña muy bonita, con marcha y mucho activismo en social media, para protegernos de un peligro externo que nos amenaza cada día y se siente presente en cada aspecto de nuestras vidas, pero que, cuando se les olvidó en siete días lo bonito de unirse como género en torno a una causa común, dio paso al menosprecio a los méritos de una candidata que no proviene desde la élite tradicional, con apellidos que se repiten eternamente en los libros de historia, sino de la farándula y el espectáculo.

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¿Dónde quedó el “Ni una Menos? ¿Lo dejaron con Wally y la Carmen Sandiego? Le llevaron globos a una niña de 10 años muerta en mi pueblo, Coyhaique, y se espantan por cada mujer golpeada, asesinada, descuartizada o violada, pero cuando leo la certeza con que muchas mujeres declaran (incluso en nuestra propia comunidad de mutantes) que “no se puede comparar a una princesa rosada con un profesional que tiene logros reales a nivel social”, recuerdo que muchas veces somos las propias mujeres las que somos crueles con nuestras congéneres y que borramos con el codo lo que escribimos con la mano.

No se hagan las cuchas: juzgamos a las otras sin darles una oportunidad y, muchas de ellas, son las primeras en tirar la piedra (y quizás todo una catapulta) a una mujer como la Cathy Barriga. En eso sí somos líderes, en reírse, en pelar, en criticar y tratar a alguien de tonta, como también a veces, lo hacemos con la Luli. Tal como todo Harvard se rió de Elle Woods. Quizás la mina de “Legalmente Rubia” tiene razón y el mundo es más complicado para la gente blonda (natural o auspiciada por Koleston). ¿Por qué? ¿Bailar y modelar para ganarse honradamente el sueldo y criar a un cabro chico, pagar los estudios y tener bienes propios es menos meritorio que una profesional universitaria que trabaja en el sistema convencional? No somos, según la cantinela que escuché tantas veces hace una semana, ¿todas mujeres iguales, con los mismos derechos y la misma necesidad de ser escuchadas, valoradas y apreciadas por lo que somos?

Porque, para el vulgo, es tema que dos políticos no se saluden en una misa. Una misa. Eeem.

No me vengan que es porque a ella le gusta el mundo Disney y crea que todo es Bilz y Pap, ama el rosado, usa la colonia Barbie y su auto debe oler a chicle, o porque salió en la tele de Robotina, con unos peinados bien exóticos y ligerita de ropa. O que toda una generación de lolos se acordaba de ella en la ducha, después de verla bailar en Mekano, y que era la dueña de casa rosada en un reality donde mientras todos estaban tratándose como el hoyo, ella se mantenía sonriente (y eso irritaba a la gente, porque no le podía creer que fuera tan buena persona; porque nadie en el mundo real puede ser así de rosada).

No quiero un argumento de que ganó porque es la señora de Joaquín Lavín Jr., o que tenía el apoyo de todo el Opus Dei (incluso cuando el sito Lavín no es Opus Dei como su taita y ella tampoco). Si la van a hacer mierda porque hace escuela de princesas y cosas muy de señoritas, primero veamos qué ha hecho ella en su vida y en la política.

Mención honrosa a los cabros de SoyChile.cl, quienes en la bajada de la noticia en YouTube escribieron: “La consejera regional que postula para alcaldesa de esa comuna…” y fueron minoría entre las decenas de medios que la colocaron en sus titulares como Robotina o ex Chica Mekano.

De acuerdo a un reportaje de la Revista Paula, publicado el 25 de julio del año pasado dedicado a la rubia alcaldesa, Cathy Barriga era Consejera Regional (electa como mayoría nacional), en tres comunas Maipú, Cerrillos y Estación Central; cuando ganó el cupo también se rieron de ella, por las mismas razones que leímos y escuchamos ayer y hoy. ¿Qué hizo ella? Se dedicó a trabajar en pos de los tatas y de las mamás solteras.

Con un título de sicóloga, la mina ha hecho harto más cuidando y ayudando a las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar y de los pelotas abacanados que no quieren pagar las pensiones alimenticias, que hartos activistas por Twitter y Facebook.

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En su canal de YouTube se intercalan videos de sus actividades como Core, de campaña y suscripciones a canales de gaming, videos de Pokémon y referencias a Five Nights at Freddy’s: la vida política y su rol de mamá van de la mano y sus espacios públicos son así de transparentes.

El tema es que, por ser cómo ella es, todo lo que hace está malo; pero si la socia hizo su pega de manera matea y estudiosa, ha servido de apoyo a las mujeres que no tienen los medios ni el apoyo para salir adelante y que participan en su agrupación “Fuerza de Mujer”, donde reciben la ayuda que el estado no les da, está ofreciendo soluciones concretas y no ideas para que las implemente algún random en el Gobierno. Y bien por ella, porque movió el traste y no se dedicó a ayudar simbólicamente desde el computador.

Si esta señora, que se casó con cabro más joven, lo apañó para que saliera diputado y fue el pilar de la campaña del marido, y gracias a ella salió este cristiano electo (el que fue aplaudido el otro día en la Cámara por abrir la boca por primera vez en su carrera parlamentaria, ya que no le conocían el habla), es porque la mina tiene +99999 en carisma, es aplicada, perseverante y los chaqueteos del huevonaje la hacen más fuerte. Supérenlo.

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Y, tal como nosotros, sabe reconocer un buen capítulo de Los Cazafantasmas.

Y aún así, casada y todo, no se ha olvidado de que fue una madre soltera y lo da todo por las “madres y padres” (sí, da para poner aquí el meme de Downey Jr. y el padre y madre y la vaina), para que tengan un mejor acceso a la salud, tengan unas lucas extras, bien por ella. Y si quiere hacer de un Maipú, un lugar menos penca para vivir, +1 para ella.

No olviden queridos mutantes, que si ustedes vivían en Maipú, y no se levantaron de la cama para votar, se lo perdieron nomás; vivan con la nueva alcaldesa y si lo hace mal, relax, los políticos ya nos han metido el paico en el ojo antes, y seguimos viviendo.

Por mientras, no seamos doble estándar ni más papistas que el Papa; la cabra tiene todas las ganas de trabajar (en una época marcada por la revelación de que muchos políticos de nuestro país no están ni ahí por trabajar para la gente y son títeres de las corporaciones, ¿y nos damos el lujo de fustigar a una de las pocas que sí quiere hacerlo?) y déjenla ser. Y obvio que no es perfecta, obvio que tiene bemoles, obvio que no se le vio ni la nariz en los debates de la TV de Maipú pero hoy salió simultáneamente en dos matinales, obvio que es y será siempre florerito y le sonríe a la cámara por inercia, que diseña su propia ropa y le gusta ser divina, y eso puede parecer disruptivo para la realidad local donde está inserta.

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Porque, para El Mostrador, con quién está casada y su predilección en colores, cine y fantasía pesan más que la trayectoria profesional y política. Si algún día soy candidata de algo, ¿pondrán de mí que soy fanática de One Piece, mis amigos me dicen Gorro y cuando era chica me lo pasaba en el foro de AnimePortal?

Esta no es una defensa a brazo partido porque Cathy Barriga sea la panacea, una estadista memorable ni un aire de cambio radical en la política de Chile. Más bien, es un llamado de atención, a propósito de la ‘eñora en cuestión, acerca del doble estándar que lamentablemente caracteriza a nuestra sociedad.

Ya que ok, por lo que leo de Cathy Barriga, a ustedes no les gusta que la gente de la tele se meta en política. Entonces, respóndanme con la mano en el corazón, ¿por qué al compadre Moncho, René de la Vega, Farkas y tantos otros los validamos tan rápido en su reconversión a la política, les compramos el discurso y valoramos su perseverancia? Incluso, si nos preguntasen “¿Cree usted que un actor o cantante puede llegar a ser un estadista?” muchos responderían que sí, ¿mientras que si la pregunta refiere a chicas que bailan o modelos la respuesta es ambigua, mixta o tarda varios segundos más en ser respondida? ¿Será que, en el fondo y por muy progre que sea nuestro discurso en redes sociales, creemos que una cheerleader del colegio no va a ganar el Nobel y es bonito que juegue a administrar recursos en un espacio acotado, pero ni cagando pondríamos el destino de una comuna o un país en sus manos? Porque creemos que está bien si se dedica a trabajar con mujeres, con vecinas y abuelitas, porque es pega de primera dama, de la que solo necesita empatía y un gran corazón para avanzar en proyectos sociales, pero otra cosa es con guitarra y la alcaldía es un mambo de “gente seria” y “los que saben”, ¿o no?

¿Ven que son de cartón? Con cariño.


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GaviotaPatagona
Standmaster de Torao. ¡El One Piece existe! Periodista. Un alma oscura mitad kawaii/mitad mutante.

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