Las 8 series de anime subvaloradas que llenarán tu alma de gloria


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¿Han escuchado alguna vez sobre el “síndrome Orson Welles”? Se dice que lo sufren aquellos que vivieron todo lo bueno de la vida a muy temprana edad y luego todo les parece latero y repetido. En cierto modo, eso me pasa con el anime. No importa qué serie me recomienden que baje o vea online, no he vuelto a encontrar ese saborcillo a felicidad que tanto añoro de aquellos años simples en que esperaba tan poco de las series y me dieron tanto; y, volviendo a verlas en tiempos recientes, las disfruto todavía más. Cowboy Bebop, Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, Serial Experiments Lain, Rurouni Kenshin, Witch Hunter Robin, Trigun, Hellsing, FLCL… no pararía de listar mis favoritas pero probablemente ustedes se aburrirían más de lo que normalmente ya se latean con mis notas.

Por eso, mejor voy al hueso del asunto y les cuento cuáles son las 8 series de anime que con el staff hemos visto y que, por razones que trataremos de explicar, no tuvieron mayor repercusión mediática y merecían más amor; sí, fueron conocidas y queridas por aquellos que las disfrutaron, pero estuvieron muy lejos de mover la industria al nivel casi religioso que -hasta Bandai reconoce- tienen Naruto y Dragon Ball en Latinoamérica.

 

8. Kogepan

Quizás muchos de ustedes no tengan corneta idea de qué carajo es Kogepan, y es porque aunque lo “kawaii” siempre vende bien entre los fanáticos de cualquier cosa que provenga del Sol Naciente, seamos honestos; es lo kawaii idiota, o con atributos femeninos prominentes y voz chillona, porque la -en apariencia- inocente premisa de un pancito que se quedó mucho rato en el horno y ahora tiene vida propia, sin ninguna chance de ser vendido y cumplir el ciclo de vida que todo pan está llamado a realizar, no pegó mucho en las audiencias del mundo mundial.

Y no fue por falta de esfuerzo, porque hubo poleras, juguetes, chapas y stickers de Kogepan, muy en la onda Hello Kitty, pero simplemente no pegó. Tampoco fue por su extensión, ya que su adaptación al anime constó de apenas 10 cortos de 4 minutos, en que Kogepan hacía diferentes reflexiones… ah, ahí está la madre del cordero.

¿Por qué guateó?: Kogepan no era la típica serie de cabros chicos que apunta a entretener y divertir las pupilas con kawaiiness, sino que se situó en un lugar intelectual complejo de marketear; más allá del dibujo sencillo y el soundtrack colorinche, Kogepan filosofaba sobre cuestiones trascendentales de la vida, moviéndose entre una corriente cínica y pesimista a lo Schopenhauer y un “optimismo” estoico que se asemeja mucho al ideario del budismo. Muchos que llegaron a la serie por su aspecto infantil rápidamente sufrieron el quiebre entre expectativa y resultado, lo cual posiblemente era parte de la gran ironía de Kogepan.

 

7. Gunslinger Girl

Cuesta entender cómo una serie que conjuga de manera notable tantos elementos tan difíciles de sacar adelante, como una trama compleja, un soundtrack sobresaliente, ritmo que pasa de las largas pausas a la sangre sin muchos anuncios ni aspavientos, y que era la adaptación de un maravilloso y laureado manga que incluso ganó el premio mayor en el Japan Media Arts Festival Awards Excellence número 16, no logró labrarse una audiencia más voluminosa en el público anglo e hispano parlante. Los videojuegos basados en la serie solo vieron la luz en Japón, y su breve estadía en el catálogo canadiense de Netflix duró menos que un peo en un canasto.

Sé de personas que aman esta serie, pero son poquitas; y la adoran con justa razón, porque la historia situada en Italia que sigue la mascarada que juega la Agencia de Seguridad Social, tomando a pequeñas e inocentes niñas que sufrieron algún tipo de accidente mortal con consecuencias físicas para convertirlas en asesinas a sangre fría con prótesis cibernéticas y combatir el terrorismo, luego de haberles lavado el cerebro para condicionar la obediencia a sus mentores, y… oh.

¿Por qué guateó?: Salvo que seas un consumidor de hentai de turbio calibre y sin escrúpulos ni respeto por quienes te rodean, el concepto de ver a una niñita siendo “formateada” repetidamente por un adulto para forzar su lealtad incondicional, incluso si el abuso de esta práctica limita sus expectativas de vida, es súper complicada y chocante de ver. Esto no es un gore explícito como el de Elfen Lied, en que el chocolate por montones de las decapitaciones a cabros chicos te hacía mirar para otro lado, sino algo más complicado de digerir; menores de edad sufriendo violencia física y psicológica para servir a un “bien mayor”. Se explica, de manera práctica, por qué se utiliza a niñas, pero cuesta bastante seguir esa línea de pensamiento cuando eres más púber. Hoy, cuando muchos ya somos adultos y tenemos la mente más firme, probablemente revisitar Gunslinger Girl será un deleite gracias a su finísimo y maravillosamente bien hilado argumento, el opening arrollador de The Delgados y unos giros de tuerca que te dejan K.O. Eso sí, manténganse lejos de la horrenda animación de la segunda temporada o se van a querer colgar.

 

6. Legend of the Galactic Heroes

Hacer lucir cool los rollos políticos entre distintas potencias militares de fantasía es algo que G.R.R. Martin y los pulentos detrás de la adaptación a la tele de Game of Thrones han vuelto popular en los últimos años, pero no ha sido así siempre. Incluso cuando empiezas a conversar con fanáticos de las numerosas sagas Gundam, ellos destacan que “es fácil que un tipo que no es fan de Gundam se desanime por el ritmo más lento que pueden tener estas series respecto a otras más punchi punchi, de dos cucharadas y a la papa”. Legend of the Galactic Heroes está basada en la Prusia del siglo 19, y nos presenta a dos auténticos bastiones de la excelencia en protagonistas de anime; el genio militar Reinhard von Müsel (más tarde llamado Reinhard von Lohengramm) que parte queriendo rescatar a su hermana que había sido tomada como concubina del Kaiser y luego se engolosina con unificar la galaxia bajo su mandato, y el historiador Yang Wen Li, quien ha forjado una fama de convertir inminentes derrotas en triunfos mediante la comprensión de las motivaciones de los enemigos utilizando lo que la misma historia de los pueblos la legado como testimonio.

Y, si eso no fuera poco, Wen Li se despacha frases maestras como “hay pocas guerras entre el bien y el mal; la mayoría ocurren entre un bien y otro bien”. Uf. Además, algo fascinante de la serie es cómo pasan de mostrar a estos potentísimos protagonistas y otros secundarios igual de bien hechitos a mostrar la historia del soldado o campesino X y sus desventuras, y te pasean por todo el espectro del fenómeno que se vive en el universo argumental de la serie que viene desde las novelas, y que tiene a su haber un Seiun Award a Mejor Novela del Año en 1988, una adaptación animada que corrió desde 1988 hasta 2000, y también… uhm.

¿Por qué guateó?: Sí, es maravillosa, pero para personas acostumbradas a las series de 13 o 26 episodios, o que se bancan series eternas tipo One Piece solo porque son fabulosamente amenas y light, esta serie puede parecer una eternidad. No es ágil ni es breve, y aunque eso para los que amamos esta serie no es un tema, sí lo fue para un montón de personas que le dio dedito abajo. Los que tengan el tiempo y las ganas de llenar su corazón de alegría diciendo muchas veces “la cagó esta hueá” a medida que van viendo los 7681823581735 episodios en películas y OVAs, jueguen con confianza.

 

5. Noir

Dos mujeres, un camino: la nativa de Córcega Mireille Bouquet y la japo con amnesia Yuumura Kirika se lanzan con todo en una búsqueda personal para encontrar pistas que las lleven a descrifrar los misterios de su pasado, porque la oriental no tiene callampa idea de sus orígenes y esas vainas que todos damos por sentadas en nuestras cómodas vidas de gordos lechones. Eventualmente, van descubriendo que ambas están más relacionadas de lo que inicialmente pensaban y que algo se está tramando para dejar la escoba en la Tierra, y forman el dúo de asesinas “Noir”. El tema es que sus enemigos, Les Soldats, son una milenaria organización secreta que creó el concepto de la dupla asesina Noir, y las cabras se lo pasan combatiendo a los que, de alguna forma, son sus progenitores en la forma, pero no en el fondo, porque las socias son buenas y no malandras.

Hasta ahí, todo bien. Es rico ver una serie de mujeres con pistolas, que saca muchas influencias del género de cine noir e incluso del blaxploitation americano, convirtiéndose en una especie de “Nikita” que inició toda una corriente en el anime, rescatando el concepto y reinventándolo hasta el cansancio. Entonces…

¿Por qué guateó?: Tiene estilo, personajes bacanes y enormemente cosplayables, un soundtrack fenomenal y diálogos a todo cuete, pero para una serie cuya premisa es que las chiquillas van desgranando el choclo de a poco, se puede esperar que, al final, quede una hecatombe de aquellas y cada episodio vaya sumando un poquito al mix; sin embargo, esto no ocurre y aunque la acción siempre está presente y con coreografías pulentas, hay episodios que son para dormírselos enteros. Además, yo tengo otra teoría menos popular: si en vez de dos niñas fueran dos hueones pistoleros, le habría ido la raja y los bajones de ritmo el público los habría perdonado. Sipos, el mundo del anime es así de reculeque en Occidente.

 

4. Planetes

El espacio, la última frontera. Estos son los viajes de la nave “Toy Box”. ¿Su misión? Prevenir el daño o destrucción de satélites y estaciones espaciales producto de la… ¿basura espacial? Léase, escombros y trozos de roca que deambulan por las órbitas de la Tierra y la Luna.

¿Por qué guateó?: Ya, sé que no es la trama más sexy del planeta si la cuento así, y quizás eso mismo pensaron los muchos que no vieron esta serie en América y Europa, pero los tiempos cambiaron; esta fue una serie basada en un manga pulento, y ambas versiones ganaron sus respectivas categorías en los Seiun Awards. Así de choras. El problema es que, en 2004, el rollo de la exploración espacial estaba, en la ciencia ficción, supeditado a las aventuras entretes y de consumo ágil, y el descubrimiento del ser y del carácter, los cuestionamientos a la sociedad y cómo los seres humanos hemos gastado muchas lucas en avanzar en la carrera espacial mientras hay países muriendo de hambre y azotados por la delincuencia y la marginalidad, son recién boom hoy gracias a cierto mambo de Chris Nolan llamado Interstellar que logró mostrar una mirada más seriota y profunda a algo que se veía más light.

Quizás, ahora es el tiempo de que esta serie se reestrene como corresponde y tome el sitial que siempre mereció, aunque seremos los primeros en decir que fue Planetes la que lo hizo primero, mucho antes de SunshineMoon y de Interstellar.

 

https://www.youtube.com/watch?v=zosnCjiXKbU

 

3. Detroit Metal City (DMC)

Esta es la historia -en 12 episodios de 13 minutos de duración- de Soichi Negishi, un cabro timiducho que le pega a la música y sueña con hacer una carrera brillante en el pop, pero como no lo conoce ni Santa Isabel y tiene cuentas que pagar, termina siendo el vocalista de una banda de death metal llamada Detroit Metal City, bajo el personaje Johannes Krauser II, de quien se cree que es un demonio terrorista amiguito de Don Sata que mató y violó a sus papis, y que canta sobre cosas inmorales y, la gran mayoría, MUY ilegales. Este alter ego, sin embargo, le sirve a Soichi para canalizar la frustración de su carrera musical frustrada y, además, no es como que pueda dejar de ser Johannes Krauser II de la noche a la mañana, porque es bueno haciéndolo y toca la guitarra como todo un prodigio.

Parece, hasta aquí, una trama súper interesante, especialmente para los que amamos el rock y entendemos el dilema de Soichi…

¿Por qué guateó?: … pero sufrió una suerte muy nada que ver e injusta; salió en 2008 y fue apenas posterior en época a otra serie basada en un cabro que aspiraba a ser un rockero de clase mundial, muchísimo más livianita, con menos humor grotesco, sin dobles sentidos pillines y puro corazón, llamada Beck. Entonces, cada hueón que llegó a Detroit Metal City buscando más de la misma onda, se pegó un portazo supremo con DMC. Es una muy buena serie, musicalizada de manera magistral, pero víctima de un timing cabrón.

 

2. Cromartie High School

No tiene sentido alguno que les cuente la trama de esta serie, porque es una incoherencia suprema y no tiene una continuidad como ustedes esperan. Cromartie no se toma en serio ni a sí misma, y es un poco como la eterna pelea entre Tangananica o Tangananá; o la amas o la odias. Los que la amamos, argumentamos a su favor que tiene personajes memorables, un millón de referencias a la cultura pop oriental y occidental, momentos WTF que son tan imbéciles que no puedes dejar de reír, y constantes errores deliberados de continuidad que están tan bien logrados que resultan brillantes.

Y, los que la odian…

¿Por qué guateó?: … dicen que es extremadamente japonesa, y gran parte de las tallas no las entiendes a menos que seas muy camello no solo en el mundillo del anime, sino cachando movidas del rock y el pop nipón de los 70s y otros frikeríos que para un cristiano normal que dedica su vida a más cosas que la animación y el manga, son harina de otro costal. Y, una comedia que no se entiende, no es buena. Yo diría, en cambio, que hay códigos universales de humor que, cuando funcionan, tienes la carcajada asegurada y en Cromartie están muy a punto.

No fue una serie para nada masiva, pero cuando exhibí estos episodios cortitos como bocadillo al final de una tanda de 3 series que presentábamos en un ciclo con unos amigos en un auditorio en Temuco todos los miércoles, se quedaban alrededor de quince cabros sagradamente a cagarse de risa con Kamiyama, Mechazawa y compañía. Y, a lo Brian Eno, todos esos chicos se convirtieron más tarde en influyentes actores en la difusión del anime en el sur y el resto del país (aunque fuera hinchando gente en carretes). Ahí se las dejo.

 

1. Kyatto Ninden Teyandee (Samurai Pizza Cats)

De seguro les sorprende ver esta serie en el primer lugar, especialmente porque la dieron en televisión abierta en Chile y, para muchos, es parte fundamental de su perversa infancia. Y créanme, cuando investigué para hacer esta nota no pensé jamás llegar a poner Los Gatos Samurai en una lista de series infravaloradas; eso, hasta que me enteré que con todo lo bacán que le daba sabor a esta demencia de animación (su inmensa cantidad de referencias pop, el primer personaje abiertamente drag que vi en televisión, una tonelada de tallas en doble sentido, entre muchas otras maravillas), la serie no logró pasar la primera temporada por falta de quorum y cagoski. Chan.

Se anunció, en aquellos años, que habría incluso una segunda temporada y un spin-off, pero sin saber cómo ni por qué, los planes se fueron a las pailas y lo que vimos en la cajita idiota fue todo lo que existió. Obviamente, gozó de una linda pero acotada segunda vida como serie de culto, circulando en roñosos VHS y, hoy, casi enterita en español latino en YouTube, pero cuesta creer que una belleza con el potencial de convertirse en una de las más grandes incoherencias de… oh.

¿Por qué guateó?: Demasiado absurda para su tiempo; es que los creadores jugaron a ser los Monty Python del anime y quizás salieron trasquilados, apuntando tan alto que el guatazo fue igual de fuerte. Sin embargo, no hay desperdicio alguno en volver a disfrutar los episodios de Los Gatos Samurai, especialmente si eras muy chico en esos años para conocer la serie, porque si Regular Show y Adventure Time te hacen reír, esta serie es una precursora espiritual. Y, si la viste cuando niño, revivirla hoy más veterano y cachando mejor las tallas es una obligación. Como esta referencia clara a Pink Floyd en la música que tocaba la banda de secuaces del Gran Quesote, el villano más travesti de todo los tiempos.

 

¿Cuál agregarían ustedes? Demás que se nos fue alguna súper obvia que de puro hueones no pusimos, pero como sabemos que nuestros lectores son unos ñoñardos incurables cracks, fijo que nos pasan el raspacacho en los comentarios. 🙂

 


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Javosandoval

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