Las historias de los vecinos más loquillos de nuestros lectores


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Es complicado vivir en comunidad; algunos tienen la fortuna de conocer vecinos buena onda con los que se puede contar en caso de emergencias, pero otras personas tuvieron la mala suerte de vivir al lado de lo que “botó la ola”. Esta es una recopilación de algunas historias de nuestros lectores, quienes lamentablemente no tuvieron la suerte de tener al respetuoso Ned Flanders golpeando su puerta, sino a Homero J. Simpson con sus changuerías todo el día.

 

1. “Aleluya gloria a Dios”

Pamela vive en Puerto Aysén  y tiene una historia que entra en la categoría de “encuentros cercanos del tercer tipo”. “Mis vecinas son misioneras mormonas que van variando con el tiempo. Las peores fueron unas minas extranjeras que prendían la radio a las 6 de la mañana con su música mormona de lunes a domingo”. Y ellas cantaban a todo pulmón mientras freían arepas u quién sabe qué cosas para desayunar. “Dejaban todo el pasillo pasado a aceite quemado y tenían un detector de humo que sonaba todo el día cuando ellas cocinaban o prendían la estufa. Jajajaja”.

Francisca también aporta su experiencia nefasta con las alabanzas a Jehová. “Todos los días del año, más de doce horas al día. ¿Te imaginas yo pusiera la radio a todo chancho? Me empapelarían a chuchadas. Pero como son sus creencias religiosas, si les dices algo, eres intolerante. Y el problema es que ellos no respetan el espacio privado de uno. Si yo tengo creencias distintas, o quiero hacer algo llamado dormir, y que no es tan raro que una quiera hacerlo un domingo a las nueve de la mañana, les importa una raja. Ojalá fuera que ponen música solo en su casa mis vecinos; sacan un parlante a su patio para que toda la cuadra escuche sus canciones cristianas. A veces predican afuera de su casa, que da a una esquina, y juntan gente en la calle y en su antejardín. Eso sí que es ser barsa”.

 

2. El pseudo famosillo

Andrea vivía en un edificio ABC1 en Los Leones, hasta que se cabreó con justa razón. “A veces me encontraba en el ascensor con el doble del Rafa Araneda, era el doble oficial, trabajaba en eventos y de verdad se creía el Rafa; lo peor es que estaba engrupido con que el resto del edificio también lo pensaba. Y nunca pagó sus gastos comunes, veía su nombre publicado en la lista de morosos del ascensor, debía como palo y medio de pesos. Un día se fugó del edificio y no volvimos a saber de él”.

 

3. “Vecinas XXX”

Camila  se desahogó con el Calabozo Mutante contándonos de sus vecinas loquillas que viven en el edificio frente al suyo, a las cuales les gusta vivir su sexualidad a todo chancho. ” Un día con un amigo vimos el recital Coachella y tras un rato escuchamos unos gritos y vimos a una mina colgando de la baranda del balcón  y la otra tenía  un strap on puesto”.

Aún ella escucha las sesiones de porno en vivo durante la semana, incluso a las tres de la mañana. “La weona grita como si le estuvieran sacando las tripas sin anestesia. Jajajajaja”. Agrega que a veces ella ha hecho carretes en su departamento con la música a todo volumen y aún así las escucha dándose como caja en el balcón.

4. El motel parejero

René de Concepción, nos contó que en su primer departamento los vecinos del segundo piso tenían carretes todo el fin de semana, muchas risas y cumbia villera. “Escuchaba su weá de música todo el día, incluso una vez me asomé por la ventana porque la mamá de mi vecino lo estaba tapando a garabatos, le decía al cabro ‘Baja la música cabro culiao’. Jajaja”.

Un día, los ruidos desaparecieron y nuestro lector se enteró que su vecina era una emprendedora en los privados. “La vieja tenía un motel, por eso siempre había harta música, mucho webeo; nadie los conocía y cuando la vieja se fue con su familia, quedaron debiendo como 4 años de arriendo y gastos comunes”.

 

 5. “El buena onda”

Camilo recuerda sus años universitarios en Temuco; “Yo vivía solo en la casa que mis abuelos compraron en Temuco para que sus nietos estudiaran. Una vez regresé a mi ciudad natal y le encargué la casa a un compañero de carrera que vivía en la misma cuadra que yo. El weón armó un carrete del terror,  invitó a todo el mundo y cuando estaban todos medios curados… Una de las piezas comenzó a incendiarse. El loco me llamó súper urgido inventando que se habían metido a robar a la casa y que unos weones medios volados le prendieron fuego… Nunca fue”.

El momento en que el amigo paleta le cuenta al dueño de casa que unos drogos le estaban quemando la casa.

6. Gatos y Ladrones

A nuestro correo de las brujas llegó la siguiente historia de Claudia; “Mi vecina que vive al frente de mi casa tiene esquizofrenia y sus hijos también. Hay uno que se parece al Tío Lucas de Los Locos Adams y el otro fuma como chimenea. Cuando se les escapan los enanos al bosque, los vecinos empiezan a llamar a los pacos porque la señora y sus hijos alucinan con que los ladrones se le meten a la casa y uno una vez rompió la puerta”.

Claudia cuenta que aunque a veces queda la Tercera Guerra Mundial entre los hijos de su vecina, ella y su marido nunca han tenido problemas con la familia “porque nosotros cuidamos a sus gatos”. Del terror.

7. Morir solo

Emilio recuerda que tuvo un vecino que fue el regalón de su mamá; no iba al colegio y cuando quedó huérfano cayó en las drogas y alcohol. “Hubo un tiempo en que dedicó a la joyería, pero los vicios pudieron más y terminó vendiendo todas sus herramientas, murió a los 50 años en un centro psiquiátrico”. Cuático.

8. La señora de los gatos

En otra historia freak pero triste, Fran hizo un flashback hasta su niñez; Mi vecina de la infancia se volvió loca y ahora vive en una parcela en Paine como con 50 perros y otro par de docenas de gatos, como indigente. Se la pasa recorriendo el barrio antiguo pidiendo plata para alimentar a sus bichos… Y todo por culpa de la vieja tirana de su madre, que la castigó a cuidarla hasta su muerte y jamás la dejó pololear ni hacer su vida”.

Bonus track: Los ruidos molestos

Vivir en departamento puede tener cosas buenas, como el acceso al quincho y la piscina; si eres mirón puedes entretenerte observando la vida cotidiana de tus vecinos pero también tiene algo malo: esos sonidos de la intimidad que tú no quieres escuchar. Javier nos contó de la batalla en el ring de cuatro perillas que escuchaba con frecuencia desde su base de operaciones léase hogar. “Mis vecinos eran pareja y escuché cada cosa que me dejó con trauma… Escuché detalles demasiado explícitos de su intimidad”.

Si ustedes han vivido experiencias parecidas o aún más extrañas con sus vecinos, los invitamos a postear sus comentarios o compartir esta nota en sus redes sociales y paciencia… Porque los vecinos son parte del pack del lugar donde uno eligió vivir, y sin ellos nada sería igual. 🙂


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GaviotaPatagona
Standmaster de Torao. ¡El One Piece existe! Periodista. Un alma oscura mitad kawaii/mitad mutante.

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