Lo que Callamos los Mutantes – Parte 2: Pedir matrimonio es un cuento chino


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Otra mutante atendió nuestra batiseñal de historias freaks de amor para “celebrar” el 14 de febrero o escuchar música cebollenta mientras buscan una cuerda o una viga.

Acompáñenos en otro capítulo de “Lo que Callamos Los Mutantes”, aquí en su sitio web bazofia favorito, y nuestro especial anti San Calentín.

 

 

Tenía 18 años y entré a trabajar a un local chino. Los jefes eran muy buena onda, la pega era harta y no digamos “que bruto, que entretención y bien pagado”, pero cuando uno es estudiante, está en economía de guerra hasta que se titula y cada peso sirve.
Llevaba un par de meses ahí, cuando llegó el hermano de mi jefe desde Asia. El caballero -era mayor, pero no sé qué edad tenía- tenía un nombre complicadísimo y no sabía ni una palabra de español, pero lo de las monedas y billetes lo entendió al tiro (eran números, igual más fácil), así que le entregaba la caja cuando terminaba mi turno, un papelito con el total, hacíamos el arqueo y nos despedíamos con señas. Así estuvimos un par de semanas.
Un buen día, mi jefe se ofreció a acercarme a la casa. Lo había hecho otras veces, y le dije que sí, porque no era chiste pegarme LA caminata que tenía que hacer para irme a leer 10.000 fotocopias de algo que, a estas alturas, ya se me olvidó. De pronto me preguntó qué opinaba de su hermano -o primo, algo así-. Le di puras respuestas evasivas, porque ¿qué opinión podía tener?. ¡Acababa de llegar de China y nunca intercambiamos más de 2 palabras seguidas!. Luego me habló de su cultura. Que los chinos eran muy respetuosos, que ellos eran una familia con muy buen pasar económico y que jamás harían algo como dejar a una mujer abandonada con sus hijos, porque la familia era muy importante para ellos. A esas alturas, la cosa era rara…Pero todavía no terminaba. Hizo una pausa solemne, una pequeña inclinación de cabeza (todo esto manejando) y me preguntó si aceptaba casarme con su hermano. De darle una respuesta positiva, iría a mi casa con toda la familia a comunicarle la noticia a mis padres.
No sé qué cara pondrían ustedes, pero yo balbuceé como 5 minutos y dije una rosario de frases inconexas sobre agradecer, la universidad, la juventud, mi familia, tradiciones chinas, las ventas del día, boletas y no sé que más.
Le inventé una chiva a mi jefe para que me dejara ahí nomás y llegué a mi casa con una cara de WTF impresionante y muerta de calor. Trabajé como una semana más y renuncié, porque no se me ocurría cómo cresta seguir trabajando con el pretendiente sin siquiera ser capaz de rechazar su propuesta en un lenguaje común. Yo cacho que desde ahí le tengo pánico al compromiso.
Esa es mi historia. Han pasado 10 años y todavía  me da plancha encontrarme con el susodicho.
– Pollita en fuga.

Tenemos otras sukulentas historias de amor sad, en Lo que Callamos Los Mutantes, aquí en la bazofia de sitio web que lo cura todo, menos el amor.

(Aún aceptamos más testimonios, son bienvenidos a la terapia grupal anónima y mutante. Siempre hay espacio para uno más =*).


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GaviotaPatagona
Standmaster de Torao. ¡El One Piece existe! Periodista. Un alma oscura mitad kawaii/mitad mutante.

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