Los regalos más fail que puedes recibir en Navidad o Amigo Secreto


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Un día dedicado a notas de Navidad no podría estar completo sin mostrarles el lado absolutamente B de esta festividad amada por muchos y odiada por tantos otros, debido en gran parte a que esperar un regalo es emocionante y, cuando recibes una absoluta bazofia, el corazón se rompe un poco y así es como se crían futuros sociópatas. Si regalas basura a tus hijos y amigos por ser amarrete y troll, podrías ser directo responsable del asalto o violación que ocurra mañana.

Fui criado en una familia que no cree en el valor de los regalos porque restan importancia al “verdadero sentido de la Navidad”, que es compartir en familia. Al principio sí recibimos regalos, pero conforme con mis hermanas dejamos de creer en el Viejo Pascuero, nos quitaron ese privilegio y lo reemplazaron por plata, para que pudiéramos salir a carretear o comprar la hueá que quisiéramos. Práctico y funcional, fome y frío, pero al menos es algo que puedes usar.

Y es que hay otros regalos que, honestamente, no sé cómo fueron pensados o qué pasó por la cabeza de la gente que los hizo. Quizás lo encontraron divertido, o no lo pensaron mucho. A veces, puede ser que no hayan dimensionado que Navidad es la fecha más especial para un niño después de su cumpleaños, y bueno, la cagada ya está hecha. Ahora, todos esos recuerdos de una niñez marcada por la precariedad absoluta al momento de abrir esas cajas bajo el pino navideño son solo buenas tallas que recopilamos aquí, a partir de varios voluntarios que me contaron los peores regalos que recibieron en su infancia o en un Amigo Secreto, para que ustedes y nosotros podamos decir en conjunto “What. The. Fuck” o en buen chileno “Qué chucha, hueón”.

 

Historia de una ida y una vuelta de un pan de pascua

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“Abrí mi regalo y yo pensé que era una broma; había un pan de pascua adentro de una bolsa transparente. Tenía que ser broma, porque había pan de pascua en la mesa, y cómo me iban a regalar eso que está en todas partes y no es un regalo para un niño, pero resultó que sí, eso me había mandado de regalo una tía. Lo peor es que yo tengo diabetes desde que soy chica, y tuve que mandárselo de vuelta, y ella se enojó”. María José, Concepción.

 

Una manta que aparentemente le da poderes sexuales

“Te juro que abrí el envoltorio y había una frazada. No era de polar y tampoco era bonita, era una frazada para la cama. En verano. Y yo vivo en Calama. Me la regaló un familiar y terminé regalándola en una parroquia, lejos el peor regalo que me han hecho no solo en Navidad, sino en la vida”. Catalina, Calama.

 

Colonias ideales para seducir a nadie (quizás al anciano de 78 años que siempre te mira extraño cuando vas al negocio del barrio)

“Yo tenía como 17 en ese tiempo, y estaba en onda de salir con minas y hueás así. Mi papá para la Navidad me regaló un set de colonias Rodrigo Flaño y Colbert, y me dijo que tenía que empezar a usar un perfume bueno para gustarle a las minas. Rodrigo Flaño, pos hueón, si me hubiera puesto esa colonia habrían pensado que le saco la colonia a mi abuelo o que soy mega pobre”. Cristián, Temuco.

 

El tazón de café realmente moreno

“Esto fue para un amigo secreto en la pega. Abrí el papel de regalo y venía un tazón en forma de water, onda tú tomabas el water por un mango que era la manguera del estanque, y echabas el café en la taza del water. El hueón que me lo regaló estaba riéndose mucho, y nadie más se reía. Lo peor es que, como era de la pega, cada vez que no me veía tomando café en el tazón me preguntaba si lo tenía todavía, o qué le había pasado, así que estaba como obligada a usar su hueá. Imagínate, cada vez que echabas el café ahí era como si estuvieras tomando diarrea, qué asco”. Macarena, Santiago.

 

El cartón millonario

“Una vez, cuando era chica, mi papá me regaló un cartón del Loto. Abrí el regalo y había un papel adentro que era el Loto que, más encima, él ya había jugado. Lo peor es que le regaló lo mismo a mis dos hermanas, y nos dijo ‘a ver si ustedes me dan la suerte’. Además, el cartón venía junto a una pelotita chica de fútbol que a nosotras no nos servía para nada. Yo creo que se las regalaron en alguna parte y las metió en el regalo nuestro nomás”. Francisca, Las Condes.

 

Elefante travieso

“Este regalo en sí no es malo, pero el contexto fue horrible. Una polola que tuve le regaló a mi hermano chico un calzoncillo con forma de elefante, de esos en que la trompa es el pene, y fue justo en una cena navideña familiar. Mi vieja, mi abuela, mis tías, mi hermano, todos mirándola con cara de ‘Loca, ¿qué onda?'”. Matías, Valparaíso.

 

A planchar con puro mambo, tía

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“Yo era chica cuando el pololo de mi hermana mayor le regaló a mi mamá para una Navidad un CD con música para planchar. Lo había grabado él, era un CD con puras canciones de cumbia y eurodance de los 90s. Y le había hecho una portada en WordArt que decía ‘Música para Planchar’. Hasta el día de hoy no he visto un regalo peor en mi vida”. Evelyn, Puerto Varas.

 

Desde chiquitita, generosa

“Un tío me regaló un recibo del depósito que supuestamente había hecho en mi nombre para Coanil. Me dijo que era para que fuera tomando conciencia que había cosas más importantes que gastar la plata en lo material. Yo tenía ocho años”. Valeria, Los Ángeles.

 

Efecto boomerang

“Mi mamá le había regalado a un primo un set de toalla y traje de baño el año anterior, y ese año me llegó el mismo regalo de parte de ellos. Era la misma caja que jamás se había abierto, solo cambiaron el papel. Habían reutilizado el regalo y con la misma familia que se los dio, cuático”. Enrique, Talcahuano.

 

Una sonrisa limpia es una sonrisa bella

“Hilo dental. No sé qué más decirte. Tenía diez años y recibí una cajita con hilo dental para Navidad, de parte de un tío que ni siquiera era dentista, o sea, fue y compró eso para él quizás y como no tenía qué regalarme, metió eso en un envoltorio y me lo dio”. Rodrigo, Chillán.

 

Para saltar en una pata

“Mi abuela me regaló una pantufla. Sí, no unas, una. Venía una sola pantufla en la bolsa. Obviamente nunca la pude usar, y mi abuela no era viejita en ese tiempo. Solo era una abuela de mierda, jaja”. Verónica, Concepción.

 

Tengo el asiento, ahora me falta el resto

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“Me regalaron el asiento de una bicicleta. Supongo que alguien le dijo que tenía el asiento de su bicicleta malo, y mi tío se confundió. Yo no tenía bicicleta, y me quedé con el asiento sin poder hacer nada con él. NADA. ¿Qué puedes hacer con el asiento de una bici que no tienes?” Víctor, Santiago.

 

Igual, bacán por el arte ruso

“Abrí mi regalo y venía un libro de pintura rusa, en alemán. Yo tenía nueve años y no entendía, obviamente, un carajo de lo que salía ahí. Todavía no logro leerlo, y ni siquiera puedo regalarlo a otra persona. A nadie le interesa leer sobre pintura rusa en alemán”. Bastián, Providencia.

 

¿Tienes un problema? Escríbelo en tu diario rosa con esquelas, Francisco

“Una tía me regaló un diario de vida de niña. Tenía once años y de repente abro el regalo y era esto, lleno de esquelas y cosas rosadas. Yo la quedé mirando y ella súper entusiasmada me dice ‘¿Le gustó, mijito?’. Le respondí que era un regalo de niña, y dijo que ‘igual le puedes dar uso, no seas tan negativo, niño’. Lo terminé usando para encender la chimenea, y resultó que sí servía para algo”. Francisco, Talca.

 


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Javosandoval

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