Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, gracias por tanto Kojima


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Ay mamita querida. Parece una broma que hayan pasado 28 años desde el estreno del primer Metal Gear, que para ser honesto nunca jugué como debe ser hasta que salió en la versión Metal Gear Solid: The Legacy Collection para PS3 (recordemos que el juego de NES era una cosa que poco tenía que ver con el Metal Gear para la MSX y ni siquiera tenía pelea final, o sea jelou), así que solo empecé a meterme en esta droga a mediados de los 90s, y nunca más salí. Que Konami, con todas sus decisiones random (como volverse, al parecer, una empresa de jueguitos para mobile), le diera la PLR a DON Hideo Kojima y su equipo, al responsable del Fox Engine y básicamente a todo lo que hoy conocemos como Metal Gear, solo nos dice una cosa: aunque la empresa ha asegurado que la marca Metal Gear seguirá estando presente en futuros juegos de su cantera, no será el Metal Gear que conocemos. Con el que nos criamos, muchos nos hicimos gamers camellos hasta la inanición y llenamos nuestros ñoños corazones de felicidad. Hay que enfrentar la realidad: Metal Gear, con The Phantom Pain, llegó a su fin.

La buena noticia es que, pucha, qué final más maestro. Es que se pasó. Antes de empezar a hacerle queques, cargarle la BIP y prestarle ropa a Hideo Kojima, el japonés de rostro amigable que no parece de los 52 años que tiene, quiero explicar algo que me parecen necesario -especialmente dedicado a todos los que dicen que “Metal Gear más parece una película que un videojuego, qué onda esta hueá”– antes de seguir con el review.

Hideo Kojima ha sido un entusiasta del cine toda su vida. Viniendo de una familia humilde, quiso dedicarse al arte y filmó videos en 8mm además de escribir historias de 400 páginas para revistas que jamás lo publicaron, pero su entorno lo presionó a que estudiara algo “que le diera lucas y un lugar respetable en la sociedad”; después de varios años de estudiar Economía, y de pasar sus mejores momentos jugando en una FAMICOM (la NES que conocimos en América), y fuertemente influenciado por jueguitos de Nintendo, decidió dejar la U y dedicarse a lo que le llenaba el alma, los videojuegos. Entonces, tenemos a un cabro que sabe dos cosas más que bien: cómo contar buenas historias en formato cinematográfico, y cómo tener éxito en el mercado. A nadie debería sorprenderle, a esta altura, lo que Kojima construyó por casi treinta años y que cierra (al menos espiritualmente) su ciclo en The Phantom Pain. Es una forma de hacer videojuegos que solo este crack y su team de visionarios pudo concebir, por mucho que otros pulentos hayan logrado otros modelos bacanes de videojuegos entretenidos en el género de espionaje “pa’ callao” (stealth).

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¿Estás seguro que quieres jugar este juego? No hay más después de esto, te lo advierto.

Y, con The Phantom Pain, la experiencia cierra de manera perfecta. Sé que muchos ya lo terminaron o lo están jugando, así que en este review no hablaré de la historia para evitar cualquier spoiler innecesario. El que sabe de los Metal Gear seguramente esperará que ciertos personajes emblemáticos aparezcan, y lo hacen. Y, también, que haya personajes nuevos muy pulentos; los hay. Quiet es un lujo de personaje que se siente aporte tanto en gameplay como en la historia, con un protagonismo inmenso que, pese a que anda medio en pelotas (por una razón que es parte de la historia pero a la vez es súper hueona, se los aseguro) contra viento y marea, no es la típica mijita rica mostrando las bubicrece porque sí. Aunque sí es, esencialmente, porque sí, pero no les voy a funar esa “sorpresa”.

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Quiet no habla mucho, al igual que Big Boss. Pero, a diferencia de nuestro protagonista macho, esta socia tiene una razón para no batir mucho la lengua.

A mi parecer, este es el Metal Gear más oscuro de todos. Hay poco lugar para el humor, y los personajes saben (al igual que los que llevamos muchos años jugando sus aventuras que suman casi ochenta años de cronología ficticia) que están condenados a un estilo de vida paria, sin patria ni ley, cuidando sus traseros de la traición hasta el fin de sus días. No obstante, The Phantom Pain hace una movida más agresiva que en otras entregas de la serie, y se va en una volada cuática, que recompensa a niveles que no se imaginan a todos los camellos que hemos sido fieles a la saga. No tengo vergüenza en decirles que me lagrimeé el final del juego y sé que muchos de ustedes están -o estarán- en las mismas. Es así de intenso, así de asombroso y así de bien hecho.

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La mano ciberprostética de Big Boss es una protagonista en sí misma del juego. Lo aprenderás en la marcha.

La cinematografía y el arte están, además, en un nivel obsceno. Este es el primer juego AAA que saca provecho a las consolas de última generación como corresponde y justifica las lucas invertidas en ellas, aunque igual se ve a toda raja en las de la generación pasada. Y es que en un Metal Gear el gameplay es la principal fuente de alegrías y entretención; pero pucha que se agradece cuando además se ve de manera orgásmica en tu pantalla o televisor.

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28 años de historia, chesumadre. Mis respetos al tío Kojima.

Sin duda alguna, lo más notable de The Phantom Pain es cómo utiliza las nuevas mecánicas para que tus estrategias orientadas a no dar la cacha frente a una chorrera de rusos furiosos las inventes a tu antojo, con pura chispeza, y sientas la satisfacción de que fuiste tú quien salió con esa solución alternativa y no fue el juego el que te forzó a hacerlo. Donde muchos otros juegos se lucen con una historia impecable y gráficas groseras, acá tienes eso mismo más una libertad bastante grande en las decisiones que puedes tomar para salir ileso (o no tan cagado) de zonas en que estás rodeado de monos o debes arrancar con alguien a través de un auténtico campo de batalla. Hubo una misión, por ejemplo, en que hasta me ofrecieron el sombrero de gallina (un item que el juego te “sugiere” usar cuando has muerto tantas veces que eres una vergüenza para el mundo gamer, tu familia, tu polola y tu nación, haciéndote invulnerable) de tan fracasado que era, pero luego volví a jugar el acto completo tomando otras decisiones, de manera más paciente y haciendo cosas más choras utilizando las diferencias de atención que prestan los soldados entre el día y la noche, y pasé con clase A.

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Una técnica que me funcionó bastante bien fue dejar C4 y otras maravillas sembradas en la noche para hacerlas estallar de día y dejar la crema mientras yo pasaba piola en otro lado. Crear distracciones es la clave para matar la menor cantidad posible de monos y sacar el mejor rango en cada misión.

Además, tal como tantos juegos han copiado las mecánicas de los Metal Gear, en este juego el tío Kojima también sacó inspiración de otros títulos para hacer más pulento el gameplay. No les voy a fregar la onda contándoles qué, pero se van a dar cuenta solitos (hola Far Cry). Tendrás cuatro compañeros distintos para ir a pelear contra el mundo-no-tan-libre; un perro, un caballo, un robot y la seca Quiet, quien es sniper y donde pone el ojo pone la bala.

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Maniobrar a este caballito es harto más fácil que en otros juegos, lo que hace que disparar montado en él, tanto si vas colgando por un lado o sentado, no sea un parto. Eso sí, aprende a dominarlo porque será más que necesario para avanzar en el juego.

Otra cosa que es destacable y me dejó para adentro es que el juego “va aprendiendo” de tu manera de resolver los conflictos; por ejemplo, en todos los jueguitos donde hay que pegar tunazos a la gente con una buena historia detrás y mi munición es limitada, me he acostumbrado a los “headshots”, un disparo a la zambeca con pasaje directo al pijama de palo. Sin embargo, si lo haces muy seguido, los monos empezarán a usar más cascos y hasta ahí llegaste con esa técnica. De una u otra forma, The Phantom Pain te obliga a ser recursivo y pensar mejor tus estrategias. Para gozar la segunda mitad del juego deberás contar con un registro más que digno en las misiones previas, así que si las pasaste al peo y con un rango ordinario, te recomiendo al toque volver a jugarlas para que no te veas forzado a hacerlo justo cuando la historia se pone emocionante y quieres puro seguir avanzando, pero el juego no te deja. Puede ser un poco frustrante, pero sin esfuerzo no hay gloria.

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El gorro de la vergüenza. 🙁

Uno de los elementos que es la zorra es que puedes crear tu propia armada de mercenarios, tanto capturando monos en el campo de batalla para que en tu nueva Mother Base los reseteen para servir a los Diamond Dogs o que estos mismos soldados recluten a nuevos malandras para aumentar tu fuerza paramilitar. Eso sí, la cosa no es llegar y tenerlos, sino que hay que preocuparse que no se peleen entre ellos, ir a visitarlos para que les suba la moral y decidir quiénes hacen qué cosas según sus características. La interfaz del juego ayuda mucho a simplificar esto y hacerlo ágil pero, si lo único que quieres es seguir avanzando en la historia, podría ser un distractor que no necesitas. Aunque, de todas maneras, te recomiendo mucho dedicarle unas cuantas horas a este sistemilla, ya que mientras más cercano seas con tu gente, más relevantes se sentirán las decisiones que deberás ir tomando en misiones posteriores; y ahí, cabros, es donde The Phantom Pain gana en la vida, en el juego, en el amor y en el Olimpo de los grandes videojuegos de la historia.

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Ya pues, ¡miren a Quiet a la cara!

De la historia, qué les puedo decir sin spoilear. Les juro que me muerdo la lengua para no contarles algunos detalles demasiado sabrosos que los van a dejar gritándole a la tele. Hay un personaje en particular al que CONCHETUMADRE CULIAO es lo menos que le van a decir al menos 190 veces durante el juego. Como The Phantom Pain está situada en el pasado, a los personajes ya los conocemos y sabemos más o menos lo que pasó después con ellos… o eso creemos. Kojima y amigos mezclan de manera brillante los acontecimientos reales de la Guerra Fría con lo que pasaría en una buena novela de Tom Clancy, que con el formato cinematográfico quedan de pelos, introduciendo cada misión -que más encima, con la voz de Kiefer Sutherland como Big Boss, se siente como ver una muy buena temporada de 24- de formas que te dejan mojando los pantalones y con una ansiedad terrible de puro terminar el acto para ver qué carajo pasa al final. De hecho, comprar un pack de pañales Plenitud para jugar sin preocuparse de ir al W.C. es una idea razonable y nadie en el Calabozo Mutante se va a reír de ustedes, les doy mi palabra de sailor scout.

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Pero porsupollo que no podía faltar la cajita mágica.

El diálogo es soberbio, y les digo con certeza total que es el mejor trabajo argumental que he visto y veré en un videojuego este año. Hace que un Assassin’s Creed parezca Hello Kitty Island Adventure, y que el modo historia de Mortal Kombat X se encierre en su pieza a llorar. Lo mejor es que tú controlas las acciones de los personajes y lo que pasa, en parte, depende de lo que tú hagas así que eres protagonista en seudo primera persona de esta historia maravillosa. En no pocos momentos de la primera mitad del juego, los bruscos giros argumentales impredecibles te van a hacer tirar el control a la cresta, y ni les digo cómo se pone la cosa hacia los últimos actos. Uf. The Phantom Pain está a la par y supera, en varios momentos, a sus predecesores (y sí, estoy súper consciente que Guns of the Patriots era un juego perfecto). Hay unas peleas con bosses que los van a dejar aplaudiendo como hueones frente a una pantalla que no tiene nada que decirles, para el desconcierto de su familia y cualquiera que los vea en ese momento.

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Es algo perturbador saber que Quiet es exactamente igual a la chica que le brindó la vida/cuerpo/rostro/voz/todo en la vida real, Stephanie Joosten. Gamer como nosotros, se ganó el rol porque de todas las niñas que fue al casting fue la única que supo cómo tomar una metralleta. No porque cachara de armas reales, sino porque había jugado videojuegos. Ay, Stephanie. <3

Y, como si fuera poco, métanle mucho David Bowie a este soundtrack porque, desde que parte todo con “The Man who sold the World” hasta el nombre de la organización paramilitar que Big Boss debe ayudar a fundar, Diamond Dogs, los homenajes a la cultura pop y musical de la época están presentes a todo ritmo, pero de una manera no tan ridícula como en World of Warcraft -aunque tampoco súper seria- sino dando consistencia y realismo a una historia que -más un trabajo de actuación de voz que, de verdad cabros, sobrepasa la calidad de performance que nos entregan muchos actores en el cine convencional-, si no fuera por el simple hecho que, al ser el último Metal Gear de Kojima, no termina de contar la historia de ninguno de los personajes al punto de dejarte absolutamente pagado y sabiendo que ya no hay nada más que decir al respecto de esta encarnación de Metal Gear (quién sabe lo que hará Konami más adelante), sería la más grande obra de drama de guerra en la historia de los videojuegos.

Pero así fueron las cosas, y esto es lo que hay. Y lo que hay es maravilloso. Juéguenlo, disfrútenlo, vívanlo a concho, porque después de este, y con el dolor de mi cucharón se los digo, no hay más.

[SPOILER] Aunque, si quieren ver el contenido que no se incluyó en el juego y que explica algunas cosillas bien clave, pueden ver este video a continuación. No me golpeen, yo solo soy el mensajero.


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Javosandoval

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